Mati
Salimos de Huesca en coche. Se ocupó mi suegro. En Zaragoza subimos al tren. En nuestro equipaje lo justo. Cuando estuviéramos instalados definitivamente nos enviarían lo demás. Las joyas en el doble del abrigo y en pliegues no visibles. El dinero de mano, en un bolsillo no visible. Repartido entre los tres. A nuestra pequeña le colocamos unos billetes dentro de su muñeca de trapo. En esos viajes a un descuido te robaban. La necesidad espabila. En primera no era más seguro, porque mucho ladrón no lo parece. De hecho, no pegué ojo en todo el viaje, con la pequeña en mis brazos, vigilante. Ir ligeros de equipaje facilitaría nuestros movimientos. El viaje era largo y tedioso. Mi marido es hijo único. Mi suegro era viudo. Su mujer se encontraba visitando a su familia en el pueblo cuando estalló la guerra. Fui víctima de la vorágine salvaje de esos días. Cuando Lorenzo empezó a festejarme, su familia me acogió como una más. Suerte de ellos, porque de los míos no puedo contar nada buen...