Mati

 


Lo primero que se me ocurrió fue teñirme el pelo rubio. Entonces la decoloración era el sistema predominante. La manzanilla aclaraba el pelo de las rubias, pero yo tenía un castaño claro.

Con mi apariencia evitaría suspicacias. En la peluquería no pusieron pegas. Había muchas que se aclaraban o hacían mechas.

Aún hoy mantengo tintes, aunque menos agresivos que aquellos.

Me hacía un recogido. Nunca melena. Para salir, entonces, me cubría con pañoleta de seda.

Eran tiempos de privaciones, pero nosotros que habíamos vivido del lado de los nacionales teníamos mejores posibilidades.

Tengo que alegrarme de no tener en familia militares.

Mucho se ha callado de lo que pasaba. Antes y después cuesta asimilarse. Éramos jóvenes y teníamos la vida por delante.

La escasez llevó a control de entrada y salida de la ciudad. 

A nosotros nos tocó esperar en uno y otro lado. En tren el trayecto fue largo.

Presentamos nuestros papeles.

La pequeña en regla como hija nuestra. Nada de adopciones. Una tía abuela de mi marido lo consiguió. Modificaron registros y quedó como si yo la hubiera parido. Nos dijeron que así nunca nos la quitarían. 

Como mi pequeña era menudita le asignaron dos años en el momento que nos la entregaron. Nosotros llevábamos cuatro de casados. Si se profundizara no sería difícil desvelar el engaño, aunque muchos documentos se quemaron para evitarlo.

Reconozco que no es una forma limpia de hacerlo, pero ella necesitaba un hogar y nosotros ser una familia completa.

Cuando Mari nos pregunta porqué no tenemos alguna fotografía de sus primeros meses de vida, lo arreglamos diciéndole que entonces se hacían muy pocas veces y que eran tiempos distintos. Pero argumenta que está la de nuestra boda, saliendo De la Iglesia de San Lorenzo.

Huesca durante la guerra era de los nacionales. Eso permitió que nuestras vidas transcurrieran con cierta normalidad. 

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